Datos Generales

La papaya se obtiene del árbol conocido como papayo, originario de las zonas tropicales de México y Centroamérica. Se cultiva en terrenos de muy distinta naturaleza, pero es fundamental que éstos sean ricos en materia orgánica y que contengan una humedad abundante. El papayo es una planta tropical, puede cultivarse desde el nivel del mar hasta los 1000 metros sobre el nivel del mar, pero los frutos de mejor calidad y los rendimientos más altos se obtienen en altitudes por debajo de los 800 metros. A continuación se analizan los factores climáticos más importantes que influyen de manera decisiva en el desarrollo de este cultivo, así como las características principales que debe tener un suelo para que el cultivo produzca de manera exitosa.

 Temperatura

Es el factor climático limitante, que permite que este frutal se desarrolle, o no. El rango de temperatura es entre 22° y 30°C, pero su óptima es entre 23° y 26°C. Las temperaturas bajas inhiben su crecimiento y las temperaturas altas le provocan abscisión floral y bajas en la producción. Canículas y sequías especialmente en la floración ocasionan su caída y la planta llega a suspender su crecimiento.

Humedad

El agua es el contribuyente principal de la planta; alrededor del 85% está compuesta por agua. La papaya, tanto en el proceso de germinación, vivero y primeros meses después de plantada, necesita para su crecimiento y desarrollo una gran cantidad de agua, por lo cual en esta fase se deben realizar riegos semanales. En la época seca y cuando la lluvia no es adecuada, se debe recurrir al riego para mantener las plantas con un buen desarrollo.

Luz

La papaya necesita abundante luz debido a su gran actividad fotosintética.

Es imposible desarrollar plantaciones con restricciones de luz, pues las plantas serían alargadas y amarillas, sintomatología esta de desnutrición, lo que trae como consecuencia un inadecuado desarrollo de las plantas.

Suelos

Las principales características que debe reunir un suelo para este cultivo son las siguientes:

  • Suelto y húmedo.
  • Con buen drenaje.
  • Alto contenido de materia orgánica.
  • Un pH que fluctúe entre seis y siete.
  • Suelos fértiles y profundos.

El suelo también puede ser mejorado, por lo cual no es de los factores más preocupantes cuando se planifica una plantación.